
El cortometraje se titula Film y fue escrito por Samuel Beckett, el renombrado novelista, dramaturgo y poeta irlandés, quien fue una figura clave del llamado teatro absurdo y reconocido por renovar las formas de la novela y el drama a través de su escritura. Film es una obra deliberadamente intelectual construida alrededor de la máxima "ser es ser percibido". A lo largo de sus veinte mudos minutos en blanco y negro, el protagonista, encarnado por el reconocido actor cómico Buster Keaton, hace todo lo posible para evitar ser observado por nadie, ni siquiera por la cámara. El personaje rehuye de esta y de todo lo que le devuelve su percepción.
El corto cobra gran riqueza si es analizado desde Espinoza y sus conceptos de encuentro, afecto y afección. El personaje a lo largo del corto se encuentra con otros cuerpos, en la calle, cuando camina rumbo a la habitación, se cruza con otras personas y evita el contacto con ellas; se tapa el rostro, trata de evitar ser visto o encontrado. Todo el film el personaje huye de la cámara, evita el contacto visual con el ojo de la cámara, no quiere que se produzca un encuentro con ese cuerpo. Cuando se produce un mal encuentro toda la fuerza de existir del cuerpo afectado tiende a investir el lazo del cuerpo que lo afecta para rechazar el efecto de ese cuerpo, aunque su potencia de actuar ya esté disminuida. El personaje tapa o expulsa a los animales, cubre el espejo, rompe las fotos y se tapa de la cámara, trata de rechazar el efecto nocivo de los encuentros, le huye a los malos encuentros.Cada cuerpo se conoce a sí mismo por la acción de otros cuerpos sobre él, por las mezclas. Esto es lo que le sucede al protagonista; él se conoce cuando los otros cuerpos ejercen sobre él un efecto, cuando sus cuerpos se encuentran. Uno a uno los personajes lo miran, entran en contacto visual y esos ojos que lo observan los afectan. Allí él se conoce porque descubre que se siente afectado por esos cuerpos-ojo. No se reconoce por caracteres específicos de semejanza con los familiares que observa en las fotos, él no es eso, no se parece a eso, tampoco se reconoce en el espejo, él se conoce porque sabe qué es lo que lo afecta, sabe que para la composición de su cuerpo es inconveniente ser visto.Hay que saber hacer encuentros que nos convengan, escapar del azar de los encuentros. De eso se tratan las ideas-noción. El personaje parece haber alcanzado las ideas – noción, parece tener el control sobre los encuentros; sabe cuáles le convienen y cuales no y actúa en consecuencia (para evitarlos).El final del corto, sin embargo, nos muestra que el encuentro entre la cámara y el personaje es un encuentro positivo porque el personaje ha alcanzado aquello que no ha cesado de buscar; el fin de la representación. Cuando el cuerpo-cámara y el cuerpo – hombre se encuentran devienen Film, se produce un acontecimiento como resultado de una fuga del plano de la representación. El personaje al fin se ha fugado del “yo” constituido desde el plano representacional; ha aniquilado todo aquello que lo constituía como sujeto.
Este afán del personaje de “fugarse” del plano de la representación se puede ver en varios pasajes de la obra. Uno de ellos es cuando el hombre ingresa a su habitación y expulsa uno a uno los animales que se encuentran en ella porque siente que con sus miradas le devuelven la percepción de sí mismo. Estos animales domésticos, sentimentales lo arrastran a una contemplación narcisista, le devuelven su propia percepción, son constitutivos del yo, ya que no se trata de un gato, un perro, un pez y un ave, sino de mi gato, mi perro, mi pez, mi ave. Son animales individuados, edípicos, los únicos que entiende el psicoanálisis.Otra escena que permite vislumbrar el objetivo del personaje es cuando éste observa y rompe imágenes de su familia. Al romper dichas fotografías realiza una ruptura con la filiación, con la descendencia arborescente, ya que ésta supone una historia continua, se constituye a partir del tiempo lineal y cronológico negado. La filiación supone una identificación del sujeto con el pasado, una constitución del yo a partir de las semejanzas, la filiación considera a cada sujeto como un punto de una serie, como parte de una “especie”; el sujeto deja de ser la imitación de un modelo originario para ser una mímesis primera y sin modelo.Beckett, con esta obra nos abre una espléndida puerta hacia el concepto de Tiempo. El carácter heterogéneo del tiempo, predicado por Deleuze, puede verse en la nombrada escena de las fotografías. Cuando el personaje se sienta en la mecedora saca viejas fotos de un sobre y comienza a contemplarlas; las fotografías se suceden una a una en un tiempo cronológico, de un punto de origen a un punto final, que es el tiempo presente. Se trata del tiempo que Deleuze denomina Cronos, que es el tiempo de la medida, que fija las cosas y las personas, que determina una forma y un sujeto. Este tiempo que mide y fija lo constituye como sujeto, como un cuerpo con forma y funciones, sin movimiento. El personaje rompe las fotografías una a una; suprime, aniquila, realiza una ruptura con este tiempo cronológico y hace surgir el tiempo del acontecimiento, el Aion, un tiempo indefinido, un línea flotante que solo conoce velocidades, un demasiado tarde y demasiado pronto simultáneos, un algo que sucederá y que dejará de suceder al mismo tiempo.Deleuze habla de la heterogeneidad del tiempo, para él el tiempo no se reduce a un alineamiento de hechos desde el nacimiento hasta la muerte. El niega el modo temporal cronológico. Postula que el presente, el pasado y el futuro no son de diferente naturaleza; el presente sólo aspira a continuar por lo que jamás se llegará al pasado y mucho menos al futuro mientras se haga continuar el presente. Lo que llamamos futuro y pasado está meramente englobado por un presente más grande, por eso excluye una diferencia de naturaleza.
Dos imágenes, la actual (el personaje) y su virtual; ese ojo fugado, esa cámara, ese cristal se desdoblan, intercambiándose incesantemente a partir de este encuentro que hará vibrar las trayectorias del inconsciente. En el final, la mecedora continúa en un movimiento eterno seguido de un fundido a negro. Y nuevamente, el ojo que se vuelve a abrir, tal como lo hizo al comienzo del corto, cerrando (o abriendo) mágicamente la narración silenciosa de los infinitos y nunca redundantes retornos de un único y mismo instante: el del acontecimiento.
“Los cuerpos pierden potencial semiótico en la representación. Esta los separa de lo que ellos pueden, y sólo retiene de ellos pura actualidad en la que se anula la intensidad” . Resulta notable ver cómo en Film, a través del decir, de un lenguaje en el que predomina la representación, se llega al límite de la misma. Tal como dice el ensayista Adrián Cangi, Beckett en su obra literaria ha llevado la literatura al límite, logrando colocar al lenguaje contra sí mismo. A su vez la obra de Búster Keaton, caracterizada por un humor mudo, físico y del puro movimiento, ha tenido frutos similares. Ambos guionista y actor se encuentran en Film, deviniendo en este personaje, pura intensidad que rompe con la semiótica significante para dar paso al acontecimiento.
Este afán del personaje de “fugarse” del plano de la representación se puede ver en varios pasajes de la obra. Uno de ellos es cuando el hombre ingresa a su habitación y expulsa uno a uno los animales que se encuentran en ella porque siente que con sus miradas le devuelven la percepción de sí mismo. Estos animales domésticos, sentimentales lo arrastran a una contemplación narcisista, le devuelven su propia percepción, son constitutivos del yo, ya que no se trata de un gato, un perro, un pez y un ave, sino de mi gato, mi perro, mi pez, mi ave. Son animales individuados, edípicos, los únicos que entiende el psicoanálisis.Otra escena que permite vislumbrar el objetivo del personaje es cuando éste observa y rompe imágenes de su familia. Al romper dichas fotografías realiza una ruptura con la filiación, con la descendencia arborescente, ya que ésta supone una historia continua, se constituye a partir del tiempo lineal y cronológico negado. La filiación supone una identificación del sujeto con el pasado, una constitución del yo a partir de las semejanzas, la filiación considera a cada sujeto como un punto de una serie, como parte de una “especie”; el sujeto deja de ser la imitación de un modelo originario para ser una mímesis primera y sin modelo.Beckett, con esta obra nos abre una espléndida puerta hacia el concepto de Tiempo. El carácter heterogéneo del tiempo, predicado por Deleuze, puede verse en la nombrada escena de las fotografías. Cuando el personaje se sienta en la mecedora saca viejas fotos de un sobre y comienza a contemplarlas; las fotografías se suceden una a una en un tiempo cronológico, de un punto de origen a un punto final, que es el tiempo presente. Se trata del tiempo que Deleuze denomina Cronos, que es el tiempo de la medida, que fija las cosas y las personas, que determina una forma y un sujeto. Este tiempo que mide y fija lo constituye como sujeto, como un cuerpo con forma y funciones, sin movimiento. El personaje rompe las fotografías una a una; suprime, aniquila, realiza una ruptura con este tiempo cronológico y hace surgir el tiempo del acontecimiento, el Aion, un tiempo indefinido, un línea flotante que solo conoce velocidades, un demasiado tarde y demasiado pronto simultáneos, un algo que sucederá y que dejará de suceder al mismo tiempo.Deleuze habla de la heterogeneidad del tiempo, para él el tiempo no se reduce a un alineamiento de hechos desde el nacimiento hasta la muerte. El niega el modo temporal cronológico. Postula que el presente, el pasado y el futuro no son de diferente naturaleza; el presente sólo aspira a continuar por lo que jamás se llegará al pasado y mucho menos al futuro mientras se haga continuar el presente. Lo que llamamos futuro y pasado está meramente englobado por un presente más grande, por eso excluye una diferencia de naturaleza.
Dos imágenes, la actual (el personaje) y su virtual; ese ojo fugado, esa cámara, ese cristal se desdoblan, intercambiándose incesantemente a partir de este encuentro que hará vibrar las trayectorias del inconsciente. En el final, la mecedora continúa en un movimiento eterno seguido de un fundido a negro. Y nuevamente, el ojo que se vuelve a abrir, tal como lo hizo al comienzo del corto, cerrando (o abriendo) mágicamente la narración silenciosa de los infinitos y nunca redundantes retornos de un único y mismo instante: el del acontecimiento.
“Los cuerpos pierden potencial semiótico en la representación. Esta los separa de lo que ellos pueden, y sólo retiene de ellos pura actualidad en la que se anula la intensidad” . Resulta notable ver cómo en Film, a través del decir, de un lenguaje en el que predomina la representación, se llega al límite de la misma. Tal como dice el ensayista Adrián Cangi, Beckett en su obra literaria ha llevado la literatura al límite, logrando colocar al lenguaje contra sí mismo. A su vez la obra de Búster Keaton, caracterizada por un humor mudo, físico y del puro movimiento, ha tenido frutos similares. Ambos guionista y actor se encuentran en Film, deviniendo en este personaje, pura intensidad que rompe con la semiótica significante para dar paso al acontecimiento.
Links para ver el video:
http://www.youtube.com/watch?v=3u2DAp6fceQ (PARTE II)
http://www.youtube.com/watch?v=0HacrO6-Z4g (PARTE III)
No hay comentarios:
Publicar un comentario