
Este afán del personaje de “fugarse” del plano de la representación se puede ver en varios pasajes de la obra. Uno de ellos es cuando el hombre ingresa a su habitación y expulsa uno a uno los animales que se encuentran en ella porque siente que con sus miradas le devuelven la percepción de sí mismo. Estos animales domésticos, sentimentales lo arrastran a una contemplación narcisista, le devuelven su propia percepción, son constitutivos del yo, ya que no se trata de un gato, un perro, un pez y un ave, sino de mi gato, mi perro, mi pez, mi ave. Son animales individuados, edípicos, los únicos que entiende el psicoanálisis.Otra escena que permite vislumbrar el objetivo del personaje es cuando éste observa y rompe imágenes de su familia. Al romper dichas fotografías realiza una ruptura con la filiación, con la descendencia arborescente, ya que ésta supone una historia continua, se constituye a partir del tiempo lineal y cronológico negado. La filiación supone una identificación del sujeto con el pasado, una constitución del yo a partir de las semejanzas, la filiación considera a cada sujeto como un punto de una serie, como parte de una “especie”; el sujeto deja de ser la imitación de un modelo originario para ser una mímesis primera y sin modelo.Beckett, con esta obra nos abre una espléndida puerta hacia el concepto de Tiempo. El carácter heterogéneo del tiempo, predicado por Deleuze, puede verse en la nombrada escena de las fotografías. Cuando el personaje se sienta en la mecedora saca viejas fotos de un sobre y comienza a contemplarlas; las fotografías se suceden una a una en un tiempo cronológico, de un punto de origen a un punto final, que es el tiempo presente. Se trata del tiempo que Deleuze denomina Cronos, que es el tiempo de la medida, que fija las cosas y las personas, que determina una forma y un sujeto. Este tiempo que mide y fija lo constituye como sujeto, como un cuerpo con forma y funciones, sin movimiento. El personaje rompe las fotografías una a una; suprime, aniquila, realiza una ruptura con este tiempo cronológico y hace surgir el tiempo del acontecimiento, el Aion, un tiempo indefinido, un línea flotante que solo conoce velocidades, un demasiado tarde y demasiado pronto simultáneos, un algo que sucederá y que dejará de suceder al mismo tiempo.Deleuze habla de la heterogeneidad del tiempo, para él el tiempo no se reduce a un alineamiento de hechos desde el nacimiento hasta la muerte. El niega el modo temporal cronológico. Postula que el presente, el pasado y el futuro no son de diferente naturaleza; el presente sólo aspira a continuar por lo que jamás se llegará al pasado y mucho menos al futuro mientras se haga continuar el presente. Lo que llamamos futuro y pasado está meramente englobado por un presente más grande, por eso excluye una diferencia de naturaleza.
Dos imágenes, la actual (el personaje) y su virtual; ese ojo fugado, esa cámara, ese cristal se desdoblan, intercambiándose incesantemente a partir de este encuentro que hará vibrar las trayectorias del inconsciente. En el final, la mecedora continúa en un movimiento eterno seguido de un fundido a negro. Y nuevamente, el ojo que se vuelve a abrir, tal como lo hizo al comienzo del corto, cerrando (o abriendo) mágicamente la narración silenciosa de los infinitos y nunca redundantes retornos de un único y mismo instante: el del acontecimiento.
“Los cuerpos pierden potencial semiótico en la representación. Esta los separa de lo que ellos pueden, y sólo retiene de ellos pura actualidad en la que se anula la intensidad” . Resulta notable ver cómo en Film, a través del decir, de un lenguaje en el que predomina la representación, se llega al límite de la misma. Tal como dice el ensayista Adrián Cangi, Beckett en su obra literaria ha llevado la literatura al límite, logrando colocar al lenguaje contra sí mismo. A su vez la obra de Búster Keaton, caracterizada por un humor mudo, físico y del puro movimiento, ha tenido frutos similares. Ambos guionista y actor se encuentran en Film, deviniendo en este personaje, pura intensidad que rompe con la semiótica significante para dar paso al acontecimiento.



