
(Extracto de la nota publicada en El confidencial, Barcelona, 24/09/2008) El escritor francés Daniel Pennac, que ha presentado en Barcelona su última obra, Mal de Escuela, ha considerado que los estados occidentales "no están interesados en formar adultos inteligentes", y ha agregado que cree que "a la sociedad le da lo mismo la escuela, aunque hace ver que no". A pesar de la contundencia de estas afirmaciones, el ganador del Premio Renaudot 2007 ha querido dejar claro que en su nuevo libro, que en Francia lleva vendidos más de 700.000 ejemplares, no trata sobre la escuela ni sobre sus males.
En la narración se adentra en el dolor de alguien, que como él, en el colegio no entendió nunca nada ni pudo responder jamás a las preguntas del profesor, siendo lo que en su idioma se conoce como "cancre" y que en español podría traducirse como "mal alumno" o "zoquete". Así que si ha acabado haciendo grandes aseveraciones, incluso sobre la actual crisis económica, ha sido porque "es lo que ocurre en las ruedas de prensa, con los periodistas que preguntan, y yo que siempre respondo a título individual a todo, y luego acaban apareciendo titulares del estilo de Pennac ha dicho que nuestra sociedad es hipocondríaca o que los políticos son unos payasos, lo que es cierto, pero no es el cien por cien de lo que he dicho".
Publicado por Mondadori y por Editorial Empúries en catalán, en Mal de Escuela, el autor galo, a caballo entre el ensayo y la autobiografía, ofrece su testimonio, mostrando el dolor de un zoquete y de los efectos colaterales que este hecho produce en los adultos que lo rodean. De niño y adolescente reconoce que, como los cangrejos, intelectualmente se desplazaba de lado, sin seguir un camino recto, hasta que hubo cuatro maestros que lograron salvarlo de su deriva. Sin embargo, opina que "un zoquete a lo largo de su vida siempre tiene un dolor muy fuerte, una cicatriz interna, de la que nunca se acaba de curar, a la vez que siente vergüenza y nada de orgullo por haber sido lo que ha sido". Por tanto, lo que ha querido en su nuevo libro es hablar "de un malestar invariable a lo largo del tiempo" y dejar por escrito que el 99 por ciento de las personas que han sufrido este problema, a diferencia de Einstein o Picasso, no han acabado teniendo éxito en sus vidas de adultos.
Contestando a la pregunta sobre si las teorías educativas surgidas al amparo de la revuelta de mayo de 1968 tienen alguna incidencia en la escuela de hoy, Pennac ha sostenido que la actual situación "nada tiene que ver con el movimiento estudiantil, que no revolución de 1968", y ha mantenido que es el consumismo lo que hoy más afecta a este ámbito. Para el escritor, "los niños de hoy, antes de que aprendan a escribir, leer, hacer cuentas o razonar, ya son clientes, en el mismo nivel que sus padres", y ha añadido que "si la sociedad ha cambiado tanto no es por la lucha contra la autoridad, sino por el hecho de que los niños son ya clientes como los adultos".
Aunque dice que no tiene en su poder el tarro de las esencias, apuesta el ensayista a favor de que los adultos reencuentren las necesidades reales de niños y adolescentes, "ofreciéndoles un cuidado y un afecto real". Bromeando, ha indicado que lo mejor sería "acabar con todas las neurosis" y ya, serio, ha mantenido que una manera de solucionar problemas de hoy pasa por "encontrar los niños en nuestros niños, los adolescentes en nuestros adolescentes, mientras los adultos deberíamos volver a la tranquilidad y a dejar de jugar a ser adolescentes". A pesar del tono de estos mensajes, Daniel Pennac no es pesimista y subraya, que cuando entra en una clase, como hizo durante sus muchos años como profesor, "la vida se encuentra allí en estado puro, de forma real".
En la narración se adentra en el dolor de alguien, que como él, en el colegio no entendió nunca nada ni pudo responder jamás a las preguntas del profesor, siendo lo que en su idioma se conoce como "cancre" y que en español podría traducirse como "mal alumno" o "zoquete". Así que si ha acabado haciendo grandes aseveraciones, incluso sobre la actual crisis económica, ha sido porque "es lo que ocurre en las ruedas de prensa, con los periodistas que preguntan, y yo que siempre respondo a título individual a todo, y luego acaban apareciendo titulares del estilo de Pennac ha dicho que nuestra sociedad es hipocondríaca o que los políticos son unos payasos, lo que es cierto, pero no es el cien por cien de lo que he dicho".
Publicado por Mondadori y por Editorial Empúries en catalán, en Mal de Escuela, el autor galo, a caballo entre el ensayo y la autobiografía, ofrece su testimonio, mostrando el dolor de un zoquete y de los efectos colaterales que este hecho produce en los adultos que lo rodean. De niño y adolescente reconoce que, como los cangrejos, intelectualmente se desplazaba de lado, sin seguir un camino recto, hasta que hubo cuatro maestros que lograron salvarlo de su deriva. Sin embargo, opina que "un zoquete a lo largo de su vida siempre tiene un dolor muy fuerte, una cicatriz interna, de la que nunca se acaba de curar, a la vez que siente vergüenza y nada de orgullo por haber sido lo que ha sido". Por tanto, lo que ha querido en su nuevo libro es hablar "de un malestar invariable a lo largo del tiempo" y dejar por escrito que el 99 por ciento de las personas que han sufrido este problema, a diferencia de Einstein o Picasso, no han acabado teniendo éxito en sus vidas de adultos.
Contestando a la pregunta sobre si las teorías educativas surgidas al amparo de la revuelta de mayo de 1968 tienen alguna incidencia en la escuela de hoy, Pennac ha sostenido que la actual situación "nada tiene que ver con el movimiento estudiantil, que no revolución de 1968", y ha mantenido que es el consumismo lo que hoy más afecta a este ámbito. Para el escritor, "los niños de hoy, antes de que aprendan a escribir, leer, hacer cuentas o razonar, ya son clientes, en el mismo nivel que sus padres", y ha añadido que "si la sociedad ha cambiado tanto no es por la lucha contra la autoridad, sino por el hecho de que los niños son ya clientes como los adultos".
Aunque dice que no tiene en su poder el tarro de las esencias, apuesta el ensayista a favor de que los adultos reencuentren las necesidades reales de niños y adolescentes, "ofreciéndoles un cuidado y un afecto real". Bromeando, ha indicado que lo mejor sería "acabar con todas las neurosis" y ya, serio, ha mantenido que una manera de solucionar problemas de hoy pasa por "encontrar los niños en nuestros niños, los adolescentes en nuestros adolescentes, mientras los adultos deberíamos volver a la tranquilidad y a dejar de jugar a ser adolescentes". A pesar del tono de estos mensajes, Daniel Pennac no es pesimista y subraya, que cuando entra en una clase, como hizo durante sus muchos años como profesor, "la vida se encuentra allí en estado puro, de forma real".
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